domingo, 26 de octubre de 2008

“Un vestido y dos casamientos”

Hace mucho, mucho tiempo había una joven princesa llamada Aurelia que vivía en el castillo de su reino junto a su padre, el rey Harold, quien gobernaba Bosque Templado. Aurelia tenía un rostro pálido como el marfil y cabellos oscuros que le hacían resaltar aún más sus ojos verdes y brillantes cual luciérnagas en una noche de verano. Su padre había pedido a su sirvienta, Cloe, que buscara a la costurera más famosa del pueblo para que ésta le confeccionara el vestido que usaría su hija el día de su boda, puesto qué se casaría con Edmond, príncipe de Colinas Aisladas. Pero esta decisión no la había tomado ella, sino Harold, ya que él lo consideraba un buen candidato. Aurelia no hubiera tomado esa decisión porque sabía que a Edmond sólo le interesaban las tierras que luego poseería y no la amaba verdaderamente.
Pero unos días antes de su boda, alguien habría querido robarse a los tres ancianos elfos que vivían en el bosque, rodeando el castillo. Esta vez habrían tenido mucha suerte: los elfos habían podido defenderse, pero no soportarían otro ataque debido a que su edad no se lo permitiría. Al escuchar esta desesperante noticia, el rey Harold decidió llamar a un campesino llamado Giomo que se destacaba por su fuerza y valentía, para que cuidara de los sabios elfos, ya que ellos tenían el don de mantener el clima a su gusto: favorable para los cultivos y las actividades que se llevaban a cabo en el pueblo. Fue muy estricto en la elección del cuidador ya que sólo la nobleza sabía de la existencia de estos magníficos seres y ahora un vulgar campesino se enteraría.
Pasaron dos meses y se acercaba la boda, pero como ya había pasado anteriormente, una nueva persona se interpondría entre la pareja de Edmond y Aurelia; esta vez sería Giomo. El joven encargado del cuidado de los elfos compartía mucho tiempo con la dulce princesa (en una ocasión la llevo al bosque para enseñarle las flores, sus aromas y los pájaros que allí habitaban y eso inquietaba al príncipe de Colinas Aisladas. A tres días de la boda, Aurelia le confesó a Edmond y al rey Harold:
-Perdonad las palabras que diré, pero a tan pocos días de tomar una decisión tan importante como la del matrimonio os quiero decir que no me casaré con Edmond.- Al escuchar semejante noticia, el futuro príncipe de Bosque Templado no comprendía lo que Aurelia quería decir. -Una nueva persona se interpuso en mi vida y me hizo descubrir el verdadero amor. Como ya sabed, hablo de Giomo, el humilde campesino que se prestó para ayudarte a ti, padre, sin que le dieras nada a cambio. Es con él con quien quiero pasar el resto de mi vida, y no contigo, príncipe de Colinas Aisladas.
Giomo suspiró profundo y se tranquilizó cuando escuchó que era él su amado, y no otro hombre aún más apuesto. Pero tanto Harold como Edmond se quedaron sin palabras, atónitos, anonadados… no comprendían como Aurelia podía enamorarse de un joven que no fuese noble, pero lo que ellos dos no imaginaban era que el casamiento no se cancelaría, sino que cambiaría el desposado.
Mientras tanto, en secreto, la princesa pidió a Cloe que reorganizara la lista de invitados y agregara a los campesinos. Pero este favor no pudo salir del castillo sin antes pasar por oídos de Harold. Entonces, al ver su equivocación decidió separarlos: a su hija la encerró en la torre más alta del castillo y no permitió que nadie pudiese entrar salvo él, Cloe y los elfos.
Cuando Giomo se enteró de que no volvería a ver jamás a su amada, acudió al Hada de la Fuente, que sólo los elfos y él la conocían. Esta vez con sus hechizos convirtió al muchacho en elfo, ya que así podría entrar al castillo, rescatar a su amada y escapar con ella. Para esto necesitaría la ayuda de sus tres elfos: ellos harían que una terrible neblina se apoderara del reino y aprovechando la escasa visibilidad, escaparían en busca de un lugar donde vivir tranquilos. Pero antes de que su plan comenzara el Hada dijo:
-Para que tú puedas escapar con la bella Aurelia, debes hacerlo antes de la medianoche o sino quedaras convertido en elfo de por vida.
El plan salió como se lo esperaba, con el aspecto de un viejo y sabio elfo, logró rescatar a su mujer antes de las doce y sin que nadie los descubriese. Nunca más se supo en Bosque Templado dónde pasaron el resto de sus vidas, pero sí se supo que juntos formaron una hermosa familia y vivieron felices por siempre.

SEUDÓNIMO: Tom y Jerry.
Nivel:A-
Categoría:"De la imagen a la palabra"

“Un sentimiento perdido”

Érase una vez en un lugar muy lejano, entre las montañas y en soledad, un anciano hechicero muy egoísta llamado Loberet. Él nunca quiso a nadie y no dejaba que se acercara ningún niño a su casa, se decía que tenía poderes y a cada persona que pasaba por ahí, el lo convertía en roca. Esta zona era muy alejada de todo, en la cima de la montaña más alta se encontraba la casa del malvado mago. Había pocas flores, y pocos árboles, debido a que era un lugar bastante frío y a veces nevaba.
Un día se acercaron tres niños a su castillo alto, tenebroso y escalofriante, y golpearon a su puerta. Al cabo de un momento, Loberet abrió la puerta y diciendo unas raras palabas intentó transformarlos en piedra, pero para su sorpresa, no pudo hacerlo. Entónces los niñitos dijeron:
-No nos puedes hacer daño porue somos ángeles enviádos por Dios, con la tarea de cambiar a la gente y hacerlos mejores personas, nuestros nombres son Paz, Armonía y Felicidad.
Por eso, los adorables chicos le propusieron un acuerdo, el mago debería resolver un acertijo en tres días y le dieron un apista:
-“El sentimiento que salvará tu alma del mal camino, encontrarás escito en uno de los tres grandes puentes” , si logras resolverlo te daremos una esmeralda mágica que te dará poderes ilimitados.
Y Loberet respondió: - acepto el trato..
Más tarde, esa noche, luego de cruzar el puente, el brujo deberá hallar en la primer montaña tres mensajes. Si con su inteligencia y saber logra decifrar el acertijo, antes propuesto, los ángeles le dirán donde está la esmeralda, Pero si no logra decifrarlo él hará lo que los seres celestiales le digan.
Al llegar a la montaña señalada, el hombre encontró estas palabras: ROMA, CAMINO y NO COMIENCES DEL PRINCIPIO. El anciano sonrió y satisfecho contestó, sin lugar a equivocarse:
-Ya lo he decifrado, “todos los caminos conducen a Roma”.
Los ángeles también sonrieron, se miraron y le respondieron:
- El verdadero significado no es Roma es Amor, “sigue el camino del amor”.
Así el hechicero, aceptó su derrota y les dijo a los ángeles:
- Los escucho, pueden pedirme lo que deseen.
Y ellos le contestaron:
- Debes deshacer el hechizo que haz hechado sobre las personas y los niños petrificados.
- ¿Y cómo hago eso? – Preguntó el brujo. Y los de puro corazón hicieron aparecer ,en ese mismo instante, la esmeralda brillante, pequeña y resplandeciente en sus manos y le dijeron al hombre:
- Debes arrojar esta joya al fuego y algo cambiará en ti.
Y el mago tomó la esmeralda y la lanzó hacia las llamas que estaban a su lado, alumbrando la noche. Y como los ángeles afirmaron, su corazón se transformó tanto que llegó a ser tan bueno y puro como el corazón de cada ángel.
Y así fue como Loberet llegó a amar a los niños, a las demás personas y llegó a vivir en su hogar con los sentimientos que cada niñito representaba, paz, armonía y felicidad.

Seudónimo: Anastrianna Jade
Nivel:"A"
Categoría:De la imagen a la palabra

Kiush, El Sueño Muerto

Había una vez, antes de todo lo conocido, cuando la tierra no rotaba ni giraba, existían cuatro regiones principales, Día, Noche, Atardecer y Amanecer. Eran esas épocas en que los sueños de la gente, al morir se hacían realidad no, a excepción de los sueños muy malignos, así que todo era posible, pero al morir.
Daín era de la familia Senco, una joven bella que vivía en Día. Su sustento era la cosecha. Su talento era pintar, mas allí mucho no había por hacer. Su sueño era irse a vivir a Atardecer, y pintar el atardecer, aunque eso requería un gran costo.
Un día llego un extraño aventurero a su cosecha a pedir harina y agua, Daín se lo dio con todo gusto y le alojarse allí. El extraño era Kiush, un joven aventurero que recorría el mundo en busca de aventuras y monstruos que matar a cambio de recompensas; Kiush era una importante persona, ya que era reconocido por matar a Kidra, el dragón del lago Cycia en Noche. El extraño también dijo:
- Es verdad soy un aventurero caza recompensas, pero ahora me eh tomado un descanso, y viajo por día buscando un ayudante- Decía Kiush, mirando a Daín.-, ya que con el tiempo los años se me suman y cada vez estoy más débil. Si no les molesta me quedaré aquí por un tiempo, necesito descansar, vengo de Noche y el viaje, aunque fue en caballo alado, duró mucho y estoy fatigado.
- Bueno yo creo que… -dijo el padre de Daín.
- ¡Que estaría bien que te quedes!- dijo Daín interrumpiendo a su padre, luego de verlo con unos ojos que pedían su aceptación.
Y así fue, Kiush se quedó a dormir en la humilde casa de los Senco. Al despertar, Daín le había preparado un desayuno exquisito, que Kiush lo comá con todo gusto, mientras Daín le decía:
- He pensado lo que dijiste anoche de que necesitabas un ayudante, y creo que podría ayudarte- dijo Daín sonrojada, aunque se podría haber expresado mejor pero ella era espontánea y extrovertida.
- Pues la oferta era para ti- dijo Kiush, que sabía que muy dentro de él, Daín le gustaba.
-¿Entonces…?- preguntó Daín, impaciente como siempre.
-Entonces pregúntale a tus padres-le contestó Kiush- y saldremos mañana ni bien nos despertemos.
- Está bien, con permiso, muchas gracias- dijo Daín, aún sonrojada.
Después del permiso de sus padres, que sabían que estaría en buenas manos con Kiush, además pensaban que podrían llegar a caerse bien y le encontrarían matrimonio a Daín, que por su espiritú sería muy difícil encontrarle pareja en día, donde todos eran calmos.
Ni bien se despertaron Daín y Varsellas, su madre, prepararon las cosas para el viaje, los calados, que eran una especie de caballos alados, pero que volaban por menos tiempo antes de cansarse, que los criaban en su granja. Mientras el padre de Daín le contaba a Kiush y le aconsejaba sobre Dain, y le decía que la cuidara.
Llego la hora, amarraron las viandas, se despidieron, y emprendieron vuelo.
No pasó mucho tiempo antes de que Daín tomara la palabra y preguntó:
-¿Hacia donde nos dirigimos?
-Hacia a Atardecer-dijo Kiush comentando algo más para ahorrarse de responder a que sería la siguiente pregunta de Daín- el viento está calmo llegaremos un día a mitad de camino pararemos a descansar.
Daín llevaba la comida y el armamento y casi todo el equipaje, después de todo para eso necesitaba Kiush un ayudante, además de otras pretenciones que tenía con Daín, ya que el sabía que le gustaba, por su belleza, su carisma, su niñez y la expresión de su cara, era lo que el nunca tuvo, por eso cuando la miraba se perdía en su belleza y en sus pensamientos.
Atardecer era un lugar mágico donde existía la magia y todas las criaturas que allí existían, pero Kiush ya iba con destino hacia una en especial, Jiún, el dragón que con su apariencia engañaba a la gente, y en realidad era uno de los más peligrosos, era un dragón que con su ternura convencía a todo mundo y daba lástima matarlo, pero si veías en sus ojos veías la maldad que con sí llevaba; Kiush estaba más que decidido a matarlo.
Llegaron a mitad del viaje, aterrizaron a descansar, mientras los calados tomaban agua y pastaban. Conversaban, el cielo estaba en un tono dorado, ya se iba atardeciendo, Daín pensaba en el día perfecto con el hombre perfecto, que le encantaba, cuando volvió de sus pensamientos, Kiush estaba a menos de un centímetro de su boca, fue en ese momento cuando tuvo su beso perfecto en el “día” perfecto, “todo lo perfecto”, pensaba ella.
Luego de un rato, se prepararon y partieron rumbo a Atardecer, esta vez hubo más viento y empezaban a aparecer nubes grises sobre el cielo, y cuando ya el ido empezaba a atardecerse, empezó a llover muy fuertemente y aterrizaron de enseguida, dejaron a los calados atados a un árbol y armaron una carpa, donde se refugiaron. Entonces, se divertían oyendo los sonidos de las criaturas mágicas, de aquel mágico lugar; entonces Daín le contó sobre su sueño de tener una pintura ella por echa de Atardecer, y el dijo:
- Con razón traías esas pinturas, no te preocupes podrás pintarlo; luego que venzamos a Jiún; pero yo también debo revelarte un secreto- decía Kiush con voz alta por que la lluvia tapaba su tranquila voz, sacó su espada de su funda y continuó diciendo-, esto es una espada mágica, me la hechizó, un viejo mago sabio de Noche, dijo que duraba un cierto tiempo, no me acuerdo cuanto, pero cuando se acabe ya seré un fuerte guerrero y no la nesecitare, lo que hace es que si la clavo en alguien esa persona muere sí o sí.
Cuando Daín estaba por hablar sonó un estruendo, y salieron e la carpa: Era Jiún en busca de guerreros indefensos. Jiún fue corriendo hacia Daín, pero ella alcanzó a tirarle un flechazo en el ojo, entonces el dragón se detuvo y empezó a mullir, mientras Kiush desenfundaba su espada, esta, hizo un resplandor, eran las doce, era la misma hora de hace un año a la medianoche cuando el viejo mago le había hechizado la espada, el encantamiento, que solo duraba un año, había dejado de surgir efecto, pero Kiush no estaba ni enterado de esto; el monstruo dejó de mullir y fue al ataque de Daín, entonces apareció frente del monstruo Kiush montado a calado, intentado defender a Daín, entonces le clavó la espada, y esperó a que cayera rendido, pero fue así al monstruo solo le hizo un rasguño, entonces Kiush se dio cuenta y empezo a luchar contra el monstruo, hasta que este lo empujó la tomó a Daín del brazo y la arrojo lejos del lugar, sus flechas ya no le molestaban,y entonces, devoró a Kiush; antes de que Daín llegará a gritar apareció herida, pero viva, en la montaña más alta de Atardecer, con un pincel, muchos colores y un papel delante, listo para pintar la bella vista de atardecer, entonces comprendió que el deseo de muerte de Kiush había sido cumplir el sueño de Daín, entonces fue como pintó la hermosa pintura, en honor y en nombre de Kiush, pero antes de regresar a Día mató al monstruo con la espada de Kiush, y de donde sacó la fuerza para hacerlo, sigue siendo un misterio.
Después de 9 meses nació un hermoso bebé de Daín al que llamó Kiush y él le devolvió la felicidad, y el deseo de vivir, y juntos con su familia, con el recuerdo vivo de Kiush padre, vivieron Felices para siempre.

Seudónimo: Paramore
Nivel: A
Categoría: De la imagen a la palabra
Imagen elegida: Xul Solar

Más allá de los rincones de Ninmún

-Más allá de los rincones de Ninmún, y de los ríos del Moral, se encuentra “la selva tenebrosa” temida por los animales que habitan en ella y por la oscuridad impenetrable a toda hora:
-Laila, ¿qué animales hay allí?-Preguntó Nina.
-¡No interrumpas!-Protestó Tina.
-Bueno, hay tucanes, tigres, monos, murciélagos, y criaturas como duendes.-Respondió Laila. Nina Dijo: -¿Has ido alguna vez?-.Y Laila respondió:-No, claro que no, pero lo deseo Nina.
Por supuesto que Laila no había ido ,los pocos que lo han hecho no han regresado jamás.Ella era una doncella que vivía en Ninmún con sus hermanitas menores en una casa no muy pequeña.,. A Laila le gustaba mucho salir, ir a la feria a comprar, o llevar a sus hermanas menores, Tina y Nina, a jugar al bosque. Laila es muy valiente, linda y respetuosa; sus ojos son de color miel, de cabellera rubia, su piel de tez blanca y sus pies muy finos.
No muy lejos de la casa de Laila, se encontraba el palacio real, donde vivía el rey Kail, la reina Alba y su hijo el príncipe Roy. El cual es muy bello, talentoso y rico, todas las doncellas lo aman excepto Laila. Él quería formar una familia, casarse con la mujer que ame, y tener hijos herederos al trono; pero estaba harto de que lo persiguieran por lo hermoso que era, sus ojos son verdes, de cabello negro, piel blanca y es muy fuerte.Sin embargo, Roy aún no ha encontrado a la doncella correcta pero él quiere hallarla.
Un día soleado, en el bosque de los Tulines, Tina, Nina y Laila jugaban a las escondidas.Hasta que Nina propuso un juego:-¿Que tal si jugamos a que nos íbamos de aventuras?. Laila aceptó, dijo que era el dragón, y empezó a correrlas para atraparlas.Tina y Nina corrían y gritaban.
Justo pasaba por allí el príncipe, que las vió ahí jugando, pero se detuvo un momento para observar a Laila.Bajó de su caballo y le dijo:-¿Pero quién es esta bellísima doncella?- Y ella respondió:-Mi nombre es Laila.Entonces Roy dijo:-Ah ya sé quién eres, la joven que quiere ir a la selva tenebrosa. Bueno, tengo una propuesta para ti, mi madre, la reina Alba, calló enferma por la peste Cadul.Por desgracia la única cura la tienen los dragones.¿Te gustaría ayudarme en la aventura?

Los dragones viven en Drokens, pasando la selva tenebrosa, solo los hechiceros lograron llegar allí. La joven aceptó.Roy términó de hablar:-Partiremos mañana, te recomiendo que te prepares.
Al día siguiente Laila estaba lista para salir en busca de las medicinas, las niñas se despidieron de su hermana y le preguntaron cuándo regresaría, Laila les respondió que no sería en mucho tiempo. Sin embargo, ni ella ni el príncipe sabían lo que les esperaba.
Salieron temprano a caballo para la entrada principal de la selva tenebrosa que estaba a un paso más desde cruzar el río del Moral.Cuando llegaron a la entrada leyeron los carteles y los mapas, Roy vió que uno de ellos decía: Si la selva haz de cruzar a pie deberás llegar.Dejaron los caballos y caminaron unos cuantos kilómetros, pero en un momento de su caminata notaron que oscurecía aunque fuera de día. De repente escucharon ruidos raros, y empezaron a mirar porque los animales estaban muy escondidos.Laila no tenía miedo, pero si curiosidad.
Mientras ellos caminaban, cerca de allí, estaba Crow, un duende que vive en una choza solo. Se siente muy solitario, pero ama conversar, leer, divertirse y que lo visiten; sin embargo nunca van a su casa, hasta hay veces que habla con los árboles porque le teme a los animales.Es muy miedoso.
En ese momento Crow salió a regar las plantas de a fuera de su choza, y oyó unos pasos, eran Laila y Roy. Primero se asustó, pero trató de mirar y se dio cuenta de que eran humanos y les hizo señas.Laila preguntó quién será . Pero en ese momento Crow gritó: -¡Hola, soy Crow!.El duende los hizo pasar a su casa, los jóvenes aceptaron ya que tenían hambre y estaban cansados de caminar.Crow les ofreció comida, y les empezó a contar quién era. Roy le explicó por qué estaban en la selva y le preguntó a Crow si sabía algo de los dragones.Entonces el duende dijo:-No no, lo que yo sé es lo que todos saben. Mira, los dragones no son confiables, tu buscas a Expirens, el más sabio de los dragones, que por suerte no es maligno como muchos de ellos. Pero no es tan sencillo.-Roy quiso saber:-¿A qué te refieres?
-Debes darle algo a cambio a Expirens, algo como un pergamino.
Crow le entregó a Roy un pergamino, que le habían regalado hace tiempo.
Roy le agradeció mucho, luego todos fueron a dormir, les quedaba un largo viaje por la mañana. Al despertar, Laila invitó a Crow que fuera con ellos, entonces él cerró la vivienda y se fueron. Tuvieron largo trayecto, en el cual Crow hablaba mucho con Laila y Roy solo los miraba, cansado, si él estaba agotado.De repente algo les gruñó de entre los arbustos, Laila estaba al frente, Roy y Crow detrás de ella. El rugido se repitió varias veces, pero esta vez se le veían los dientes a lo que fuera que fuese que estaba detrás de los arbustos.
-¡Es un tigre wuyó!-Gritó Crow, cuando el animal ya se había mostrado.
Después de gritos por parte del duende, y vueltas en círculo, Laila le clavó una lanza a la bestia. Roy y Crow se quedaron muy sorprendidos, la muchacha les reveló que el padre en algún momento cazaba con ella muchos animales.
En seguida retomaron la marcha hacia las montañas Drokens, hasta que llegaron a una cascada ,según Crow, estaban en buen camino. Se sentaron a descanzar y comer, ya hacía tres días que caminaban sin cesar.
-¿Qué haremos si el dragon no tiene la medicina?-Preguntó en eso Laila.
-Pues, Expirens si no la atesora, sabe dónde conseguirla-Respondió Crow-Y si es así, esperemos que no sea muy lejos.Roy consultó:-¿Cuánto tiempo falta para llegar a Drokens?- Crow se puso la mano en la boca como si estuviera pensando la respuesta:-Puede que sean cinco días, pero de selva solo nos quedan dos.Falta el tramo desde el fin de la jungla hasta las montañas.
Los siguientes cinco días pasaron las cosas como las indicó el duende.Cuando dado período pasó,llegaron a las montañas Drokens, había muchos dragones volando por el cielo y muchos miraban a los recíen llegados mal. Avansaron como el duende los guiaba, hasta que vieron un gran palacio. El enorme palacio brillaba de esplendor, allí vivía Expirens; entonces Roy sacó el pergamino. Una vez dentro de allí, cercanos a Expirens, Roy se presentó:-Somos de Ninmún, venimos en busca de una cura para la enfermedad Cadul.Yo soy el príncipe Roy, y ellos son Laila y Crow.Expirens respondió:-Sean bienvenidos humanos de Ninmún, pero según dijo necesitan de mi ayuda -Si, usted posee una medicina ¿o no?-Exclamó Laila.-No, yo solo poseo un pergamino con un hechizo.El dragón les dio el pergamino a cambio del otro.
Al regresar a Ninmún, Crow se mudó con Laila, la cual un mes después se casó con Roy y vivieron felices por siempre.
Seudónimo: Marta Legrind
Nivel:"A"
Categoría:De la imagen a la palabra

La danza prohibida

Todo parecía transcurrir como siempre aquella tarde soleada de Julio, en High Green, un pequeño pueblo de Inglaterra. El cielo, por momentos de un azul encandilante, le otorgaba cierto brillo al césped en el que me encontraba desplomado, sin ningún pensamiento relevante en mi cabeza. La fantasía de que algo sorprendente ocurriese de pronto estaba tan lejana de mi mente, que cuando la veía acercarse a lo lejos la espantaba presuroso; no debía soñar con lo imposible, era algo que mi padre me había inculcado desde pequeño. Sin embargo, esa tarde sucedió algo por fin importante en mi vida, algo de lo que no lograría olvidarme jamás. Una camioneta desvencijada y con algunas manchas de óxido se frenó delante de mi lugar de descanso. Me senté para contemplar mejor la escena; de la camioneta descendieron 3 personas. Parecían amables, era una familia pequeña, solo los padres y una niña. Siempre admiré a esas familias ordenadas y planificadas; en la mía solo éramos mi hermano, mi padre y mi abuela. Mi hermano trabajaba junto a mi papá en las minas de carbón, por lo que no pasaban tiempo conmigo porque debían pasar la mayor parte del día allí. Mi abuela era muy anciana para preocuparse de mi crianza, además ya estaba sorda y no comprendía lo que realmente sucedía, igualmente era una muy buena mujer y siempre tenía algún comentario sabio que decir.
El hombre descargó varias maletas del interior del vehículo y observó detenidamente el lugar. Su mirada se posó en mí y me sonrió. Los tres pares de ojos apuntaron en mi dirección, lo cual me hizo sonrojar un poco. La mujer me hizo una seña para que me dirigiera a ellos; como respuesta, me levanté dando un pequeño salto y crucé la calle velozmente. A partir de entonces, no me separé de ellos. Todas las tardes las pasaba con ellos, ayudando y aprendiendo de su estilo de vida. La madre era profesora de ballet y el padre trabajaba en una fábrica de barcos. La pequeña Marie tan solo tenía un años menos que yo, juntos jugábamos a las escondidas y a otros juegos de niños. Yo le enseñaba algunas de mis técnicas de boxeo, que era la pasión de mi padre y me la había querido transmitir a mí aunque con muy poca suerte, y Marie me enseñaba alguno pasos de baile que su madre le había enseñado.
Nos divertíamos a rabiar, sobretodo cuando bailábamos. Era una superación día tras día ya que a veces su madre nos ayudaba a perfeccionar nuestra técnica, y era muy exigente porque le disgustaba que hiciéramos los pasos a destiempo. El ballet era algo asombroso para mí, tanto que me parecía aún más emocionante que el boxeo. Siempre a la noche escuchaba música y comenzaba a bailar solo en mi cuarto, para al día siguiente demostrarle a Marie mis nuevos progresos. Debía tener sumo cuidado en no despertar a mi padre, porque sabia que no le agradaría en lo absoluto la idea de verme bailando. No era un hombre de mente abierta, así que era bastante previsible cuales iban a ser sus pensamientos.
Un día como los demás, a Marie se le ocurrió la idea de dar un paseo por el lago, donde según ella podríamos bailar al aire libre y así inspirarnos con la naturaleza para crear alguna bonita coreografía que luego le mostraríamos a su madre. Así lo hicimos, los dos bailamos a la orilla de la laguna hasta que oscureció. No nos dimos cuenta de la hora hasta que un gritó rompió nuestra pequeña atmósfera ensoñadora. Era mi padre, furioso y con los ojos centelleantes de ira. Me levantó del pescuezo y comenzó a zamarrearme de un lado al otro, como si no sintiera el dolor y la humillación o quizás eso era lo que el quería transmitirme. Luego de proferirme una serie de gritos ininteligibles, me demostró toda su decepción con tan solo una mirada y me ordenó que lo siguiera. Miré a todos lados buscándola pero Marie ya no estaba, de seguro se había asustado ante la presencia sanguinaria de mi padre y había corrido a su casa. Pero no tenía tiempo de preocuparme por ella, la peor parte me tocaba a mí. Al llegar a mi hogar mi padre me prohibió volver a visitar a mis vecinos adorados y me puso en custodia de mi abuela, que a partir de entonces no se separaría de mí. Igual para mí fue un alivio, sabía que sería muy fácil deshacerme de ella con cualquier mentira. Así que me las ingenié para poder seguir yendo a lo de Marie a bailar ballet y practicar incansablemente el que, desde hacía poco tiempo había comenzado a ser mi pasión, mi único propósito en la vida. Esta vez mi padre no me descubriría. Y no lo hizo, pasó una semana, dos, tres. Cada día mejoraba más y más. La madre de Marie quería ocultar su sonrisa de satisfacción cada vez que me veía realizar mi rutina, pero le costaba horrores. Estaba muy complacida conmigo, por lo que se decidió a proponerme algo. Me mostró un afiche de un concurso de ballet y me anunció que me había inscripto junto con su hija y que depositaba su plena confianza en mí. El primer premio era una pasantía en una reconocida escuela de ballet de Londres; era mi gran oportunidad para no continuar en aquel mugroso pueblo siendo un minero del montón! El único inconveniente que teníamos era que el concurso se realizaba en Manchester. Necesitábamos dinero para la inscripción y para los pasajes y por último pero lo más complicado de conseguir, el permiso de mi padre, ya que el único que podía firmar en la inscripción era el responsable de mi persona.
Lo primero que realizamos fue encarar a mi padre y decirle la verdad, demostrarle que el ballet era lo que realmente me identificaba, lo mas importante que tenia y lo único que me llevaría a ser alguien en la vida. Quería que el aceptara lo que era yo, que me aceptara tal cual soy. Al principio tenia miedo de enfrentarlo, tenía miedo de que me golpeara como muchas veces hizo, que pensara que era menos hombre que el y mi hermano tan solo por disfrutar del baile, magnifico baile que llenaba mi alma de la manera en la que mi familia nunca pudo llenar. Por suerte, Marie y su madre se ofrecieron para apoyarme en el momento de contar la verdad. Cuando me vio con ellas, volvió a tener esa mirada de decepción, aunque esta vez no poseía esa furia que tanto me aterraba. Comenzó Marie explicando mi situación con el ballet y el concurso pero luego yo tomé valor y le pude decir lo que realmente sentía, lo que realmente le quería comunicar. No pude retener las lágrimas mientras daba mi discurso, y creo que eso fue lo que ablandó el corazón acorazado de mi padre que me proporcionó un abrazo, cálido y reconfortable, un abrazo como el que nunca me había dado en su vida.
Tras haberme sacado ese gran peso de encima, mi única preocupación a partir de entonces fue lograr lo mejor de mí. Quería ganar y debía hacerlo, estaba decidido a realizarlo por mi padre. Esa semana estuve yendo varias horas a la casa de Marie a practicar sin parar, sentía como los pies me sangraban al dar esos pasos en puntapié pero no me podía rendir, era una oportunidad única en la vida. Con el tema del dinero, mi padre hizo algo realmente valeroso que me confirmó aún más que debía ganar en su honor; vendió las joyas que pertenecían a mamá.
La fecha se acercaba día a día, y mis ansias aumentaban con el correr de los días. Tenía un pequeño calendario en el que iba tachando las fechas que parecían interminables. Cuando al fin llegó el momento de partir, no podía creer que se hubiera pasado tan rápido, era una paradoja.
Indescriptible fu la sensación de subirme al tren que me llevó hasta Manchester. Casi no pestañeé en el transcurso del recorrido, mirando atentamente todo y tratando de conservar los recuerdos en mi memoria. El lugar del concurso quedaba a pocas cuadras de la estación, por lo cual no fue difícil ubicarme en aquella ciudad desconocida para mí. Al llegar al sitio estaba repleto de niñas con sus madres, las cuales me miraron de manera extraña. No logré comprender por qué la mente humana tiene tantos prejuicios, es algo que nunca podré entender tampoco. Sin embargo no le di importancia, yo estaba ahí por mi, por mi padre y mi madre, le debía todo a ellos, no era importante lo que podrían decirme ni me afectaría tampoco. Dejé la mente fría, quería recordar los pasos debidamente, no tenía ningún margen de error. La espera fue dura, vi a las otras concursantes, muchas de las cuales era muy talentosas, tanto que me hicieron dudar si yo era suficiente competencia para ellas. No podría soportar una derrota, ese era mi peor defecto, el miedo a perder algo o alguien realmente importante me aterraba. Ya lo había vivido y la impotencia que se siente es indescriptible. El saber que no hay nada que hacer luego de afrontar una pérdida, que lo perdido, perdido está es la sensación más ardua que alguna vez tuve que desafiar.
Finalmente, mi turno fue concedido. Mi mente estaba únicamente allí, controlando mis pies y mis movimientos con absoluta destreza. Mis oídos estaban completamente agudizados para que cada movimiento concordara con la esplendorosa música que había escogido para mi acto triunfal.
Cuando fue la hora de anunciar a los ganadores, repetí para mi mismo mi nombre incontables veces. Quería que eso fuera lo que escuchara. Mi nombre. Eso fue lo que escuché del juez que se encontraba en frente de todos los participantes. Todas las niñas clavaron su mirada en mí, que me desplomé de rodillas en el suelo y sollocé lentamente. Era demasiado irreal, algo bueno al fin me sucedía, tanto esfuerzo había valido la pena. Podría demostrarle que de verdad valía algo a mi padre, podría continuar bailando el resto de mi vida, podía fanfarronear con Marie, hermosa Marie, ya me imaginaba la sonrisa que me proporcionaría cuando regresara. Me sentí tan feliz, radiante de alegría, que no lo podía asimilar. Al fin, por primera vez en mi vida, se me había cumplido un sueño.


Seudonimo : Cat malfoy
Nivel C
Categoría: De la imagen a la palabra

Caminando para siempre

No era sorpresa para la noche encontrarlo caminando desde ningún lado hacia ningún lado. El frío cernía el camino, ese camino que provoca algo más que entumecer los miembros y herir la piel. Una brisa crepuscular murmuró al roce con sus ropas, ese murmullo alcanzó a tocarle el corazón y en ese momento tuvo la certeza que estar recorriendo ese camino no era casualidad.
Levantó la vista y en el paisaje de fondo de un pueblo se recortaba la silueta de un antiguo aljibe ¿Cuánto tiempo había pasado ya desde la primea vez que lo había visto? ¿Doscientos, trescientos o cuatrocientos años? Y ahí continuaba de pie aquel nostálgico y majestuoso aljibe.
Entonces recordó, aunque no es recordar el término adecuado, pues nunca olvidó. La recordaba aún con la esperanza retratada en sus ojos, el color de la dulzura empolvando sus mejillas, su pequeña y graciosa nariz sobresaliendo en su rostro. Recordó su personalidad bipolar, tan caprichosa, tan esperanzada, tan ingenua, tan mala si se lo proponía, tan niña. Una sonrisa desobediente se escabulló a sus labios.
Se preguntó entonces porque seria su cuerpo como el aljibe, incorruptible al margen del paso del tiempo y volvió a preguntarse cuanto tiempo habría pasado ¿Hacia diez, veinte o treinta años que la había visto?
Su memoria era poco permeable, después de tantas historias y tantos años iba perdiendo su eficiencia. Olvidaba, con cada paso olvidaba algo más. Había, sin embargo, algo que jamás olvidaba y eran los caminos.
No del todo dispuesto a encontrarse con cualquier cosa, reanudó su marcha, ahora pausada y algo menos segura que antes. Caminaba recordándola, trazando su cara en su memoria, empapando su cabeza con los ecos de su voz.
Así continuo mientras una fuerza inevitable e inentendible lo empujaba hacia ella. Al adentrarse al pueblo el aire era más pesado y olía a tierra, calor y recuerdos, poca gente caminaba las calles. Su andar lo acercaba a la plaza, los bullicios del mercado ya se escuchaban serpentear el aire.
Encontró esa mirada que buscaba petrificada en la de una niña. Seguía tan preciosa, tan ingenua, tan graciosa. ¿Seria que tampoco estaba en el destino de ella la muerte? Entonces, desprevenidamente una mujer tomó la pequeña mano de la niña. Era ella, se había confundido. Su tez seguía blanca, el brillo de su calor seguía vivo en su cara, su cuello aún estaba erguido. Sin embargo, también había cambiado: su piel se había cortajeado, su mirada se había manchado de nostalgia, su cabello moreno había aprendido a bailar al compás de su dulzura, sus rulos enmarcaban su cara. ¿Seria verdad que aun lo esperaba?
Era inútil desear que se retrase lo inevitable. Su niña ya no era una niña, era una mujer y esa mujer ya no era una señorita. Vio el anillo que ataba su alma y cuerpo a otra alma, a otro cuerpo.
Entonces entendió que las promesas pueden romperse, que los besos no son contratos y que para otros el tiempo si se acorta…

Seudónimo: Domingo
Nivel:C
Catergoría: Tema libre.

El Gran Árbol de las Montañas del Sur

Había una vez, en una época inmemorial, una joven llamada Jesica. La joven era muy aventurera, por lo que le gustaba mucho viajar a distintos lugares. Acababa de salir de un gran desierto, el Desierto de los Mil y Un Escorpiones, cuando encontró, por casualidad, un pequeño pueblo llamado Las Montañas del Sur. Para su suerte lo encontró, pues si se hubiera quedado más tiempo en el desierto, hubiera muerto. Como su nombre lo indicaba, Las Montañas del Sur era un pueblo construido sobre montañas, rodeado de escaleras que parecían llevar todas al mismo lugar. Jesica se sentó sobre una de ellas, pues estaba muy cansada por el viaje, y, para su sorpresa, la escalera comenzó a moverse. La joven se quedó quieta mirando todo a su alrededor: había grandes edificio blancos sin ventanas alrededor de las montañas; y la gente era rubia y alta con trajes azules y extremidades alargadas, que pasaban por otras escaleras sin prestarle atención. Jesica no les habló, tenía la garganta seca por el viaje.
A medida que la escalera se movía, la joven comenzó a ver un gran árbol. Éste, seco y sin flores ni hojas, era más grande que las montañas, y sus raíces gruesas y grandes se aferraban a éstas y al suelo, mientras que las raíces delgadas se enroscaban en el propio árbol. Sin embargo, lo que le llamó más la atención a la joven fue que la planta estaba encadenada con cadenas de plata. Pero cuando estuvo más cerca, la joven se dio cuenta lo que en realidad era: era un gran árbol que servía de palacio. Se notaba por adornos de oro sobre el tronco, con formas de animales y personas, como si representara las historias de ese pueblo en sus dibujos.
Cada vez más se acercaba Jesica al gran palacio, pensando quién gobernaría allí. Había conocido a mucha gente en sus viajes, y muchos le habían hablado de ese lugar. Por eso, a la joven le daba curiosidad saber quién viviría en tan enorme palacio construido dentro de un árbol.
Cuando Jesica llegó hasta el final del camino, se encontró con una gran puerta de oro, custodiada por tres guardias.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres aquí?- preguntó uno de los guardias. Parecía que la gente de allí era toda igual, pues éstos vigilantes tenían también el cabello rubio y trajes azules, como las otras personas que había visto antes Jesica.
- Soy Jesica - respondió la joven– he venido desde muy lejos, desde el Desierto de los Mil y Un Escorpiones, y he llegado aquí con el fin de quedarme un tiempo para reponer fuerzas y después poder seguir mi viaje.
- Entiendo – dijo otro de los guardias -. Esta bien, pero síguenos y no toques nada.
La joven asintió con la cabeza y los guardias la llevaron por el Gran Árbol hasta llegar al trono del Rey. La cantidad de artefactos de oro extravagantes dentro del palacio era impresionante. Jesica miró todos los que pudo con mucha atención, pero, como había tantos y los vigilantes caminaban rápido, no logró ver tantos como ella hubiera querido.
Al llegar al trono del Rey, los guardias le explicaron a éste la situación de la joven. Cuando terminaron de hablar los guardias, Jesica, que hasta el momento estaba distraída en otra cosa, miró al Rey: era igual que los otros habitantes; pero éste, que parecía ser unos pocos años mayor que la joven, al mirarla, se enamoró en el acto de ella. Durante un rato, los dos jóvenes estuvieron hablando acerca de la estadía de la joven, mientras los guardias vigilaban todo. Después de un tiempo, los dos llegaron a un acuerdo: Jesica se quedaría en el palacio, y, pasado un año, depende si los dos querían, la joven y el Rey se casarían. Pero, todos los días, antes de las doce de la noche, la joven debía irse a dormir a un edificio vecino, sin preguntar el porqué de esta rara costumbre del Rey.
A Jesica no le importaba, ella quería de todos modos al joven rey, y no le importaba tener que irse a dormir a otro lugar por él. Pero cada día que pasaba la joven notaba algo extraño en el Rey; además, le cansaba hacer esto todos los días, su paciencia tenía límites.
Y esos límites fueron excedidos tres meses después, cuando, una noche, la joven estaba demasiado cansada para irse del palacio y su curiosidad le ganó a la paciencia. Esa noche, Jesica se escondió en un ropero cerca de la sala central del palacio para resolver de una vez por todas el misterio que el Rey escondía. A las doce de la noche, apareció en la sala central el Rey, junto con un joven de la misma edad de Jesica, que tenía atadas las manos con pequeñas raíces del árbol. El Rey comenzó a murmurar unas palabras inintendibles para el oído humano, y, en el acto, apareció una gran raíz del árbol que aprisionó al joven que acompañaba al Rey como si fuese una boa constrictora. Jesica, que hasta el momento había estado observando todo por la puerta entreabierta del ropero, se preocupó mucho por el joven atrapado entre las raíces y recordó que una vez una persona le había dicho que hace mucho tiempo, en unas montañas, un pueblo que vivía allí había sido conquistado por un joven hechicero que podía controlar un gran árbol que crecía en ese lugar, pero que para que el joven pudiera gobernar sin que el árbol se rebelara y lo matara, el hechicero le puso cadenas mágicas y por las dudas de que el árbol las rompiera, cada noche hacía un sacrificio como muestra de respeto, y a parte para que el pueblo no se rebelara. Jesica creía que era solo una historia, pero ahora parecía tener todo sentido. Con un impulso de valentía, tomó una espada de una pared y fue corriendo hasta las ramas para liberar al joven. Una espada común se hubiera roto, pero esa era mágica, y rompió las raíces, liberando al muchacho, que aún seguía con vida.
- ¡Jesica! ¿Qué has hecho? - exclamó el Rey -. ¿no te das cuenta de que gracias a ti ahora el árbol se enojará?
- Si, lo sé, pero no me importa, pues al único que perjudicará será a ti.- replicó ésta.
Y así fue. Sin el sacrificio de todas las noches, el árbol se enfureció y rompió las cadenas. Sus ramas agarraron con violencia al hechicero y debido a este movimiento brusco, el árbol arrancó la piel falsa del brujo, dejando al descubierto la verdadera imagen de éste. Su rostro estaba desfigurado por el paso de los años, y en realidad no era joven, era un anciano de cabello color azabache y corto, de uñas largas y negras, con una sonrisa brillante, pero maligna a la vez.
Parecía que el brujo iba a atacar en cualquier momento, pero nada ocurría. Los dos jóvenes vieron como el hechicero se transformaba en ceniza y supieron que éste era el fin.
Y así, Jesica liberó al pueblo del malvado brujo, se casó con el joven que había salvado, y desde ese momento hasta ahora el Gran Árbol no a parado de florecer, sea la temporada que sea.

Seudónimo: Luna Pérez
Nivel: A
Categoría: De la imagen a la palabra