domingo, 26 de octubre de 2008

La última batalla

Te voy a contar la historia en la que el reino de Pélor cambió para siempre.

Todo comenzó cuando el príncipe Aasimar, heredero del trono de Trethaark, pueblo del fuego, llamado así por la gran habilidad de sus guerreros para utilizar este elemento – se vio atraído por la princesa Naganny, futura reina de Pélor.

Aasimar la invito a visitar su palacio, ahí le propuso matrimonio. Debido, a la indecisión de la princesa, su estadía allí, duró unos cuantos días.

A causa, seguramente, de la avaricia y soberbia de Aasimar la princesa decidió volver a Pélor y no casarse con él.

El príncipe no debería enterarse, claro esta de lo contrario Aasimar se casaría con ella por la fuerza.

Naganny decidió escaparse, durante la noche, cuando todos dormían…

No te contaré el momento en que la princesa escapa, de lo contrario, esta historia demoraría demasiado; entonces, pasaré al momento en que amaneció.

El príncipe, al notar que Naganny no estaba, acudió a su padre, Moth, Rey y gobernante de Trethaark le comentó lo sucedido:

-Padre, he sido deshonrado—

-Cuéntame hijo- Respondió el rey

-La princesa con la que quería casarme, ha huido- Comentó Aasimar

-¿Qué princesa es esa que me nombras?- Preguntó

-La hija del rey de Pélor- Exclamó el príncipe

El silencio reino en la sala, por unos segundos, luego el príncipe agregó:

-Lucharé para recuperarla, me casaré con ella aunque eso sea lo último que haga-

-Si guerra quieres hijo, guerra tendrás. Convoca a todos los guerreros de Trethaark, derrotaremos a Pélor- Contesto Moth

El príncipe asintió y salio de la sala.

Me imagino que querrás saber qué sucedía, mientras tanto con la princesa, pues bien, Naganny le explicaba a su padre la causa de su escape. El rey, mando a un águila parlante - un ave blanca y marrón, con un pico que puede llegar a causar un daño similar al de las mandíbulas de un tiburón – hacia Trethaark, para descubrir que tramaba Aasimar.

Al día siguiente, el águila entra en Pélor, sobrevuela por las callejuelas de la ciudad hasta llegar al palacio en el que se encontraba el Rey, entro por una ventana que daba hacia el dormitorio real, se sentó en frente de Moth y comenzó a canturrear:

Aasimar se dirige hacia aquí, posee demasiados guerreros, Los Mortem Nunciatus

(El grupo de guerreros mas hábiles de Trethaark ) cuando los vi estaban en el monte Scar, vienen a caballo. Dentro de poco estarán cruzando el río Torm, y llegaran aquí en no menos de 3 días- al terminar de hablar, el ave salio por una de las ventanas de la sala.

Después de unos minutos el rey hablo a uno de sus súbditos:

-Vamos a comprobar si el ejército de Trethaark es tan terrible como dicen. Prepara a todos nuestros guerreros de inmediato – y así, el sirviente salio de la sala.

El día de la guerra no tardo en llegar, tres días después los Mortem Nunciatus se encontraban a pocos Lobs (una medida utilizada en esa época) de su destino

Los guerreros de Pélor ya estaban fuera de sus murallas.

La guerra se acercaba, la muerte se acercaba.

Era un día caluroso, filas y filas de arqueros de Pélor, se preparaban para el ataque.

Divisé, en el horizonte a los enemigos. Avanzaban veloz mente hacia nosotros.

El cielo se oscureció, una nube pensé yo, estaba muy equivocado. Una lluvia de flechas se aproximaban hacia nosotros

Alcé mi escudo, con la figura de un Águila, rodeado de Ralizes (Una piedra que se encuentra solo en el sur, es utilizada para forjar armas pesadas).

Sentí el impacto de las flechas sobre él a mí alrededor, veía a mis compañeros caer.

Avancé con rapidez, los dos bandos se enfrentaron cara a cara, y ahí comenzó la sangre. Tanto guerreros de Pélor como guerreros de Trethaark , caían devastados

El cielo se oscureció nuevamente, esta vez, flechas de los dos bandos volaban por los aires, noté algo raro en las flechas enemigas, agucé la vista y lo noté, flechas con fuego, en menos de lo que pensé, las flechas caían sobre nosotros, un guerrero se abalanzó hacia mi con su espada al frente, su arma tenia algo raro, era una espada flamígera, en ese momento, entendí por que lo llamaban el pueblo del fuego.

Luche contra el, recibiendo una herida en mi pierna, hundí mi espada en su pecho, y este callo, muerto sobre mi, tirándome al suelo, el cuerpo de el guerrero Tretharcano, me protegió de las flechas, me levante rápidamente y observe a mi alrededor.

Los guerreros enemigos, nos superaban en número entonces, la palabra de la derrota llego hacia mis oídos:

-¡¡Retirada!!- gritó Nañak, el jefe los guerreros de Pélor. No tuve más remedio que retroceder.

Los Mortem Nunciatus penetraron en la ciudad, destruían todo a su paso, entraron en el palacio real y capturaron a la princesa, mataron a todos los que se le interpusieran. Todos los que pudieron escaparon, los que no, fueron asesinados.

Lortez, uno de los mejores arqueros me dijo:

-Toma un cabal lo y huye lazaron, hemos sido derrotados-

Sin pensarlo dos veces, tome un caballo y me aleje de la ciudad.

Observe a Pélor, por última vez, devastada, en llamas. Di media vuelta y me aleje de allí.

Hoy yo, Lazarot como comandante de un ejército de diez mil hombres, venceré al reino de Trethark. Recuperaré mi pueblo.

Seudónimo: Armando Estevan Quito
Categoría: De la imagen a la palabra
Obra pictórica: Carpani 4
Nivel: "A"

Vacío

Se entretenía mirando las volutas de humo de su cigarrillo, pensando vaya a saber en qué o, tal vez, no pensando. No obstante, en momentos como ese su vida pasaba ante sus ojos a una velocidad no registrable, y los instantes que lo habían marcado eran los que se detenían más tiempo. Pero no eran precisamente los más felices (a juzgar por los resultados), aunque en el pasado le parecieron serlo.
Aquellos ojos parecían habérsele clavado en su corazón, una mirada límpida, sumada a una agradable sonrisa, fue una cárcel de la que –aún varios años después- no podía escapar. ¡Es que el amor es tan fuerte!, reza una canción... ¿Pero podía llamar a aquel sentimiento amor? ¿Podía atribuir esa palabra mágica a aquel vínculo que lo sumió en el pozo más profundo en el cual él había caído o caería?
Meditando en esto (mejor dicho, atormentándose) sólo le era posible sufrir, sintiendo el enorme vacío de una presencia, que (tenía que reconocerlo) la mayoría de las veces había sido una ausencia. ¡Cuántas cosas faltaban en el lazo que los unía! Ni siquiera podía decir sin engañarse que hubiera existido tal lazo, a lo mejor el único enlazado había sido él, porque ella...
Entonces, ¿por qué el constante recuerdo de ciertos momentos? ¿Por qué el recuerdo agobiante de unos besos carentes de verdadero afecto? (Ahora se daba cuenta) ¿Y por qué si se daba cuenta no podía dejar de sufrir por no tenerla? Porque pensar había pensado mil formas de liberarse del recuerdo, del dolor, pero hasta ahora todo había resultado inútil. Buscó otros besos, otras manos, otra mirada límpida... pero algo se había roto en él, ya no podía confiar, y se sentía como partido en mil pedazos imposibles de volver a juntar por lo pequeños e innumerables.
Cayó en la cuenta de cuánto tiempo se encontraba de esta manera, fueron meses, años de llorarla con la convicción de que nunca podría arrancársela, que nunca volvería a amar. ¿Cómo luchar contra su misma esencia, que reclamaba por ella a cada instante, con la completa convicción del amor perdido, un amor que sólo vivió en él?
Se sorprendía llorando interiormente, casi siempre unas notas sentimentales le brotaban del corazón “la angustia de no tenerte/ lo imposible de olvidarte/ es más fuerte que la muerte/ muerte que conozco al faltarme”. Se sentía cursi (a su edad, ¿qué eran todas esas pavadas adolescentes?), sin embargo, allí estaban, aparecían, no podía evitarlo.
Muchas veces se preguntó cuál era el sentido de su vida ahora que no tenía sentido, ahora que la había perdido y que se sentía como un ciego que ha perdido su bastón, o peor, como un loco que grita su propia fantasía, porque, aunque doliera, sabía que se había aferrado a una fantasía.
Así en estas cavilaciones pasaba sus días, buscando una razón que lo empujara a olvidar sin que ello significara colocarse al borde del precipicio. No obstante, sabía que no era el único. Había otros que como él estaban aferrados a una ramita que nunca podría ayudarlos a escapar de la corriente.
Mas esa razón no existía, jamás existiría. Nada podía hacer al respecto, todo estaba perdido, le dolía aceptarlo, pero bien sabía, que jamás la recuperaría.
Desde que ella se fue de su vida, nada cobraba sentido, ni la muerte parecía una salida. Sólo quería aliviar el dolor que le atormentaba, dejar de sentirse miserable, pero no podía, no la olvidaría jamás, no dejaría un instante de amarla y sufrir por ella.

Susana Lever
Nivel “C”
Categoría: Tema Libre

Seis brazos

Érase una vez en un lugar lejano un monstruo dotado de seis enormes brazos que habitaba en una cueva oscura y tenebrosa. En esos tiempos se desarollaba una tremenda guerra en la que las fuerzas del pueblo de Arkantía estaban siendo atacadas por los muertos vivientes: criaturas asquerosas y tremendamente crueles. Eran comandadas por Krizalid, un cadáver dotado de vida, ya que le fue derramado un cáliz mágico en su cara al morir. Su piedad con sus enemigos no existía y era tan despiadado que hasta sus amigos le tenían miedo. El ejército del pueblo de Arkantía no era numeroso, y mucho menos fuerte. De hecho, su comandante, Cyril, era la persona mas cobarde que existía en aquel lugar.
En plena batalla, sobre un mágico bosque, los sobrevivientes de un grupo de guerreros arkantianos atacado se refugiaba en una casa abandonada, sucia y vieja. De pronto, se escucha chillar la puerta. Cyril, que no aguantaba más, larga un grito desesperado y son descubiertos por un grupo de zombis. Tratando de huir desesperadamente, Cyril tropieza con un ser fantasmagórico. El cobarde capitán y sus compañeros, sintiéndose acorralados por el enemigo, empiezan a rezar para que ocurra un milagro que traiga su salvación. De pronto, el horripilante ser fantasmal larga un ensordecedor alarido que espanta a los muertos vivientes de la casa. Luego de este suceso, el fantasma se presenta ante Cyril:
-No se asusten, soy la reina Artana, comandante de las Banshees. Estamos de su lado en esta batalla.
Cyril, tan asustado como siempre, le responde:
-¿Cómo le puedo regresar el favor?
-Deben escucharnos. Lejos de aquí habita un ser gigantesco que posee seis brazos
- ¿De que nos sirve?, interroga Cyril
-Podemos pedir su ayuda para derrotar de una vez por todas a los muertos vivientes
-No estoy dispuesto a arriesgarme, responde Cyril
Escuchando esto, la reina se retira, decepcionada por su idea.
Posteriormente, Artana y sus servidores parten de Arkantía para llegar a la cueva del monstruo. Luego de andar perdida durante cuatro días, encuentra la majestuosa cueva de la bestia. El monstruo, al ver a los pequeños espíritus errantes, les pregunta cuál es la razón de su viaje.
-Necesitamos su ayuda, poderoso señor, estamos en guerra y nuestras fuerzas se debilitan.
- Les concederé su deseo si me responden el siguiente acertijo.
Las Banshees, nerviosas pero atentas, escuchan a la bestia
El monstruo comienza:
-“Cirious y Padme yacen muertos en el suelo en una habitación vacía. Con ellos se encuentra un charco de agua y pedazos de vidrio roto.” ¿Me podrían explicar la razón de su muerte?
Luego de reflexionar, a la reina se le ocurre una respuesta y grita:
-¡Ya se! ¡Ya se!, esas no eran personas, eran peces, y su pecera se había caído y roto. Esa es la razón de su muerte.
El gigantesco monstruo, sorprendido por la inteligencia del espíritu, prepara sus cosas para irse. Ellas parten esperando ser alcanzadas por la bestia.
Al regresar a Arkantía, Artana engaña a Cyril haciéndole creer que no había respondido el acertijo y el monstruo venia en camino a destrozar la ciudad. El capitán, atormentado por la terrible “noticia”, escapa de la ciudad. El monstruo llega al día siguiente para prepararse para la última batalla.
Krizalid preparaba un asalto a Arkantía. Lanzando un conjuro, revive a sus difuntos enemigos, ahora de su lado. Para ese entonces eran todos esqueletos andantes armados con un escudo y una espada. Nada superior a los guerreros de Arkantía, pero, a diferencia de ellos, eran cientos, miles, millones. En el medio del camino, Krizalid y su ejército se toparon con un tronco gigante cruzando el sendero. De repente, la bestia, escondida atrás, empuja el enorme tronco y aplasta unos cuantos guerreros esqueléticos. Desde los árboles, saltan los demás guerreros Arkantianos junto con las Banshees. Artana salta desde la copa del más alto justo encima de Krizalid y cruza su pecho con la espada. Así, todos los demás guerreros desaparecen.
Al regresar a Arkantía, Artana y la bestia son aclamados por los ciudadanos. El espíritu valiente toma el puesto del desaparecido Cyril como reina de Arkantía.

Seudónimo: Nacho Ripán
Nivel: A
Categoría:De la imagen a la palabra

La última oportunidad

Había una vez un brujo llamado Sebastian que vivía en una selva encantada. Él se había casado con una hermosa chica llamada Margarita. Pronto tuvieron un hijo leopardo, Tom. Un día un ser extraño fue a raptar a Tom porque tenía poderes mágicos. Margarita y Sebastian hicieron todo lo posible, pero Margarita se murió. Desde ese día Sebastian se volvió loco, ya que no tenía a su esposa ni a su hijo.
Veinticinco años después, Tom ya había encontrado padres adoptivos y muy buenos amigos en la selva, Moises y Harry. Aunque Tom tenía poderes, él no los había descubierto aun. Hasta ahora, todo parece estar muy feliz en la vida de Tom, pero no lo es… Hace muchos años un murciélago reinaba, hasta que su hermano Jack lo destonó. Nadie sabe porque lo hizo. Ellos siempre fueron grandes amigos, pero el deseo del poder puede romper cualquier relación, ¿no? Desde entonces el está en la realeza. Jack tenía una corona con la que podía congelar a quien quisiera, por eso le decían Jack “El Congelador”. El se había vuelto malo y asesino. Esclavizó a todos los que vivían en la selva. Y eso molestaba mucho a Tom, Harry y Moises. Ellos querían sacarlo del poder. Solo había una forma, quitándole la corona a la medianoche, así lo iban a dejar indefenso. Estaba decidido, ellos 3 iban a ir al castillo de Jack a las 11 de la noche.
En la entrada había varios guardias, así que tuvieron mucho cuidado. Moises y Tom no sabían que hacer para pasar, hasta que Harry dijo:
-¡Ya sé que hacer!-
Harry agarró una piedra y la tiró cerca del castillo para que, al hacer ruido, distraiga a los guardias. Entraron rápido. Luego, se dividieron. Cada uno tenía una misión, Tom tenía que encontrar a Jack, pero eso no era tarea fácil. Jack tenía 2 ayudantes Fernando y Fernanda, dos monos gemelos que ayudaban a Jack desde su reinado. Distraerlos era la misión de Moises y Harry.
Tras una larga búsqueda, Harry y Moises encontraron a los monos. A primera vista, Fernanda se enamoro de Harry, y eso molestó mucho a Fernando; entonces fue a atacarlo, pero Moises lo empujo. Así comenzaron a pelear. Moises agarró un cuchillo y se lo clavo al mono gemelo. Fernanda al ver esto, se puso a llorar y comenzó a correr para avisarle a Jack. Detrás de ella, les seguían Harry y Moises.
Mientras tanto, Tom había encontrado la puerta de la guarida de Jack. Al principio la puerta estaba cerrada, pero después se abrió. Él sabía que allí había muchas trampas. Entró. Primero el piso comenzó a desaparecer, así que inmediatamente se puso correr, la segunda prueba consistía en pasar por un apestoso olor y la última debía combatir contra una serpiente. Al llegar a la puerta final, estaba el rey. Jack yacía durmiendo. Era la hora de sacarle la corona, pero de repente apareció Fernanda. En ese instante ella lo iba a despertar. Entonces, llegaron Harry y Moises. Harry, al ver lo que estaba sucediendo, le agarró la mano a Fernanda y la besó. Eso la distrajo totalmente, ella estaba perdidamente enamorada de él y Harry, después de todo, también sentía una fuerte atracción por ella.
Tom tenía muy poco tiempo para sacarle la corona a Jack. Cuando estaba por sacársela, ya era demasiado tarde el murciélago se había despertado. Harry, Moises y Tom no tenían otra alternativa que esconderse. Pero Fernanda había quedado tan atontada por el beso que no se escondió, se quedo quieta. Jack le pregunto que estaba pasando y ella se quedo muda, por eso se enojó y le pegó. Entonces Harry salió de su escondite y le pegó en la cara. Antes de que Harry le pegara de nuevo, lo convirtió en una piedra. Moises y Fernanda lo quisieron defender pero, también los congeló. Tom no sabia que hacer. Aunque era valiente no el era inteligente.
Después comenzó a llorar por la desaparición de sus amigos. Empezó a desear que retrocediera el tiempo. Lo deseó y lo deseó hasta que pasó. El tiempo había retrocedido hasta cuando él había llegado a la habitación del rey. Jack estaba durmiendo. Sin embargo, Harry, Moises y Fernanda seguían congelados. Tom se quedó muy asombrado, no sabía que esta pasando. Aunque estaba muy confundido pensó:
-¡Tengo que aprovechar esta oportunidad, no va a haber otra igual!-
Entonces fue y le sacó la corona justo a las 12:00; se rompió el hechizo. Pero que hechizo, Jack no estaba hechizado, ¿o si?
Después de sacarle la corona, un destello celeste salió del cuerpo de Jack. Luego, se despertó y dijo:
-¿Qué está pasando? ¿Quién es usted?-
Tom no comprendía porque Jack preguntaba esto, es más, desconfiaba de él. Pero, posteriormente, el rey dijo:
-Empiezo a recordar. Hace varios años mi hermano era el rey, hasta que un día un brujo me hechizó y me puso una corona. Luego… ¡maté a mi propio hermano, que horrible! Y ahora, yo soy el rey. He matado y esclavizado a todos, y congelado a mi fiel sirvienta Fernanda. Pero ¿donde está Fernando? ¿Y estas dos personas, quienes son?-
-Son mis amigos,- respondió Tom- y Fernando fue asesinado por unos de ellos.-
Al explicarse todo, Tom le ofreció a Jack a viajar al pasado para ver que brujo fue el que hizo eso. Le agarró la mano, y deseó estar allí. Cuando llegaron al viejo castillo, vieron al maldito brujo que causó todo esto. A Tom le parecía conocido, pero no sabía quien era.
Luego, se puso a pensar en su infancia. Reconocía una cara de un hombre y otra de mujer, no se veían muy bien, hasta que se esforzó un poco más, y… ¡La cara del hombre era el brujo! Y también era su padre. Tom se desesperó, quería saber más sobre ello, así dejo todo lo que estaba haciendo y nuevamente, viajó, al pasado del pasado, con Jack. Viajaron hasta el día de su nacimiento. Jack y Tom no entendían nada, había un murciélago y una familia. Jack dijo:
-Ese es mi hermano, ¿qué hace ahí?-
El hermano de Jack, se estaba robando a Tom de bebé, pero, ¿por qué?
-Tal vez sea por tus poderes- pensó Jack- aunque el era un buen rey, siempre quiso tener poderes.-
Jack tenía razón, su hermano quería los poderes de Tom, ya que eran mucho más fuertes que los del brujo. Margarita, resistió todo lo que pudo, pero la mató, y a Sebastian lo mordió en el cuello. Y así se llevó al pequeño bebé. Pero no duró mucho con él, porque se le había caído en el medio del camino y no lo pudo recuperar. Mientras tanto, Sebastian se había vuelto loco, entonces fue al castillo, hechizó a Jack e hizo que matara a su hermano, pero él no quiso que fuera un rey malo y cruel. Luego el mismo se convirtió en piedra para que nadie sospechara.
Ya era suficiente, Jack y Tom volvieron al presente. Ahí se acordaron de sus amigos Harry, Moises y Fernanda. El leopardo, con sus poderes los descongeló. También pudo revivir a Fernando. Luego les explicaron todo lo que había pasado.
Ya todo estaba aclarado, lo único que faltaba era encontrar a Sebastian. Después de un día entero de búsqueda lo encontraron, en el medio de la selva, al lado de la cascada. Obviamente, Tom lo revivió y lo convirtió en lo que era antes. Lo primero que dijo Sebastian fue que lo sentía mucho e hizo un hechizo para descongelar a todos los que Jack había congelado. Y así todos vivieron felices para siempre.

Seudónimo: Angelina Jolie
Nivel: séptimo "A" –
Categoría: "De la imagen a la palabra" -

"Teobaldo y las rocas mágicas"

Érase una vez, en un pueblito olvidado al sur de un país muy lejano, un caballero bravo, fuerte y decidido. Cabalgaba, y en sus ojos se reflejaba su bravura. Teobaldo era su nombre, y aunque su apariencia lo desmentía, era sensible, solidario y dispuesto. Era el hijo único de una descendencia muy afamada de la realeza, que durante años, había sido admirada, por las características de los miembros de su linaje, y él no era la excepción. A lo largo de su vida, los súbditos del palacio en que vivía, habían hecho todo por Teobaldo, a tal punto, que no tenía mucha experiencia con las tareas del hogar. Aprendió de los mejores maestros, traídos de los confines más remotos, solo para su educación: lenguajes variados, historia de su pueblo y su familia, filosofía, esgrima, equitación…
Estaba dotado de una gran astucia e inteligencia, y de allí, la admiración que sentían por él todos los que lo conocían.
Era muy común verlo cabalgar solo por los valles, con la mirada melancólica en el horizonte. Su mayor deseo, era conocer otros pueblos, demostrar sus dones a otros reyes, ser nombrado conde de un país lejano. Los veinte años que había vivido, se centraban en su palacio, su pueblo y el valle.
Una noche, desafiando a todos los que creían que salir del pueblo los condenaría a no volver nunca jamás, tomó a su corcel blanco, Odorisio, llenó las alforjas de provisiones y agua fresca, recogió su espada, y en el momento que el reloj de la catedral marcó las doce en punto, salió a todo galope hacía la entrada de la ciudad.
Cuando estuvo afuera, no fluctuó sobre su decisión. Cabalgó toda la noche, y el amanecer lo sorprendió con una extensa niebla que lo rodeaba por completo. Exhausto, y con la garganta seca, se sentó en un recodo del camino y comenzó a beber agua. Estaba en un lugar desierto. Ni una casa, ni una hacienda, ni un árbol con su sombra había en ese lugar. Sólo el camino, Odorisio y él. De repente, una sombra oscura se asomó por entre la niebla y con un rápido reflejo, tomo su espada y la empuñó. Una anciana, arrugada, enjuta y con nariz aguilucha y destartalada, se asomó. El asombro en él fue impresionante. ¿Cómo una abuela en esas condiciones, iba a andar por ese camino? ¿Desde dónde? ¿Hacia dónde?
- Apuesto joven – exclamó, con una voz ronca y aterradora – puedo saber si en esas talegas, hay algún pedazo de pan duro o agua fresca para mí. Soy pobre, y desde mi hogar hasta aquí, hay varios kilómetros de distancia. ¿Cuál es tu nombre?
- Te… Teo…Teoba… Teobaldo – respondió él.
- Ah!!! - susurró.
- Disculpe, pero de donde vengo, no asistimos a extraños….- mintió Teobaldo.
- Veo caballero.
Esa última expresión, hizo que a Teobaldo, le recorriera un frío viento por la espalda. Subió a su caballo y salió, asustado, sin mirar atrás.
- Lo sabía T-E-O-B-A-L-D-O – recalcó- sabía que, como tu padre, no te compadecerías de mí… - seguido a esto, pronunció un sortilegio de palabras incomprensibles para el oído humano.
Teobaldo, no paró de cabalgar, durante el día, y durante la noche invadido por el miedo. Cabalgó y cabalgó, hasta que fatigoso y sediento, divisó, a lo lejos, una casita de paja. Paró allí, golpeó la puerta y una familia de cazadores lo recibió.
- Saludos, honorables campesinos. Me regocijo al saber que hay alguien habitando estas inhóspitas y desoladas tierras. Felices de ustedes al sentir la tranquilidad del valle. Mi nombre es Teobaldo, vengo de un pueblo ajeno a sus conocimientos. Seguramente no me conocen.
- Saludos – exclamó un hombre, barbudo, a quién lo acompañaban un joven, una muchacha y una señora de su edad – ¡Al fin alguien nos visita! – hace 15 años que nadie golpea nuestra puerta. Bienvenido seas.
- Disculpen. Busco su asilo, pues me encuentro cansado y hambriento. Cabalgo desde hace horas, escapando de una malvada mujer que me lanzó un hechizo. ¿Me recibirían en su amable hogar…?
- Por supuesto… - respondió la mujer. Siéntese, aliméntese, y mañana estará fresco como una lechuga.
- Agradezco mucho. Mañana partiré nuevamente.
Después de un gustoso banquete de pavo y diversas ensaladas hechas para él, con motivo de festejo; le armaron un lecho donde descansó plácidamente la noche entera.
La mañana que siguió, se despidió y salió. Pero esta vez no lo hizo solo, sino que el campesino, Fermín, y su hijo Oliverio, ávidos de aventuras, lo acompañaron con gusto. Caminando o a caballo, recorrieron leguas y leguas durante horas. La maldición, que aquella mujer había proclamado, se hizo notar. Ni siquiera en un solo momento, Teobaldo estuvo a salvo, feliz y contento, pues eso era con lo que la supuesta bruja le había injuriado. En uno de los descansos, que hacían de vez en cuando, se desató una tormenta de rayos. Entre la tierra, mientras intentaban resguardarse, Teobaldo encontró tres rocas luminosas y brillantes. Cautivado por su belleza, las guardo en las alforjas. Los días pasaron y ellos siguieron visitando pueblos y lugares, que veían desde afuera. Cuando les faltaba alimento, las piedras brillaban dentro de las alforjas y mágicamente aparecían a su alrededor múltiples alimentos e importantes bebidas, y por eso, no necesitaban comprar nada. Cuando la lluvia o la oscuridad acechaban, Teobaldo frotaba las piedras y una gran fogata los protegía. Eran rocas mágicas.
Una noche, mientras los tres descansaban, Teobaldo despertó sobresaltado, y notó que sus dos amigos habían desaparecido. Desesperado, los buscó, y descubrió una huella luminosa y que las rocas habían desaparecido. Siguió la huella durante siete largos días y al octavo, debilitado, sin el poder de las piedras mágicas, llegó a un castillo lúgubre, en el medio de ese desierto. Luego de bajar de Odorisio sigilosamente, entro a la fúnebre mansión, donde lo esperaban sus dos amigos, que habían sido atrapados por la funesta bruja que lo había maldecido.
- Bienvenido… - exclamó ella- voy a ser breve, soy tu tía Brígida, Teobaldo. Tu padre, cuando tenía que elegir esposa para obtener el trono, optó por mi “dichosa y bienaventurada” hermana Matilde, tu madre, y me desechó a mí…- sollozaba- ahora mi venganza es contra ti, el fruto de su amor. Pero te daré una opción. Si logras encontrar las tres rocas que tanto te ayudaron, en mi inmenso parque, yo te dejaré libre para siempre. Pero si fallas, cosa muy probable, serás mi esclavo y sufrirás como yo sufrí desde aquel día.
- Acepto – respondió Teobaldo, y comenzó su travesía.
Recorrió todo el bosque, el pantano, el lago. Solo tenía tiempo hasta medianoche. Luego de tanto sufrimiento, temor y expectativa, en tres lugares distintos, vio brillar a las piedras. La primera, en el gineceo de las flores blancas del rosal; la segunda, en el interior de las tunas que allí crecían; la tercera, en el fondo del lago oscuro que rodeaba la construcción. Su astucia, inteligencia, y su espíritu de decisión y aventura lo ayudaron.
La bruja, su tía, sorprendida, liberó a los tres aventureros. Juntos emprendieron el viaje hacia la cabaña que pertenecía a Fermín y su hijo Oliverio. Allí y como agradecimiento, Fermín le dio a Teobaldo la mano de su hija, que, por suerte, había quedado enamorada de él, y él de ella, desde el primer momento en que se vieron. Teobaldo y Lucrecia (porque así se llamaba la muchacha), viajaron sobre Odorisio hasta el castillo y vivieron felices para siempre.

Seudónimo: Laureanna Watson
Nivel A (7º año)
Categoría: De la imagen a la palabra

¿Quién dice que todo está perdido?

Había una vez, en un pasado que nadie sabe cuando fue, que se cuenta esta historia. Esta es la historia de Carmela y Augusto. Cuando Carmela tenía 30 años, tuvo a su primer y único hijo, ¡era tan pequeño y dulce!

Cuando fueron pasando los años Augusto fue creciendo y a medida que crecía, la madre no sabía qué hacer, ya no tenía dinero para poder alimentar a su pequeño hijo.

Un día, como todos los demás, Carmela y su hijo, de 3 años, despertaron pero esta vez no fue por la luz del sol, sino por la luz de un hada. Ellos quedaron asombrados cuando la vieron, pero el hada les dijo:

-Quédense tranquilos… yo solo vengo a cumplir un deseo.- Dijo el hada.

-Pero ¿Cuál? ¡Si nosotros no hemos pedido nada!- Exclamó el pequeño

-No, pero yo los he visto… y sé lo que necesitan. Por eso ahora voy a convertir en príncipe a Augusto y a Carmela, la convertiré en reina. Pero antes la madre tiene que hacer algo.- Dijo el hada.

-¿Qué?-. Preguntó la madre preocupada.

-Antes de la medianoche tienes que ir al palacio y tienes que decirle al rey que lo amas, cueste lo que cueste. Una cosa más te diré se lo tienes que decir en frente de toda la comunidad.

Luego de estas palabras el hada se fue y la madre fue en busca del rey, mientras el niño había ido a mendigar por las calles.

La madre finalmente encontró el palacio, pelo luego de atravesar un bosque lleno de serpientes y cruzar el mar en una barca en pésimas condiciones.

Cuando vio al rey en frente de toda la comunidad corrió hacia el gritando: _ ¡Yo amo al rey! El rey impresionado gritó a los guardias:

- ¡Arresten a esta loca!

Luego de terminar su discurso fue en busca de Carmela y le dijo:

- ¿Porqué dijiste semejante cosa?

-Lo hice por mi hijo.- Dijo ella muy nerviosa, sin saber nada de lo que sucedería luego.

El rey Paulo ordenó que la dejaran libre, no podía arrestar a una madre que amaba a su hijo.

Luego de esto, la madre quería que la hada cumpla su promesa, ya que ella había arriesgado su vida, en busca de el cumplimiento de aquel deseo . Entonces el hada apareció y le dijo:

-Aquí está tu hijo.

Y de repente de un polvo mágico apareció Augusto.

- Mañana se celebrara la boda entre ti y Paulo. -Dijo el hada.
Así paso el tiempo, y Carmela y Paulo fueron felices por siempre, salud, dinero y amor nunca les faltó, al igual que Augusto.

Seudónimo:Carolina Misteriosa.
Nivel “A”
Categoría: De la imagen a la palabra

Nacidos de las nubes

Había una vez, en la década de los ’60 una científica que vivía muy alegre en la ciudad de New York. Se llamaba María Eugenia Gorinda y era muy inteligente, curiosa y siempre se obsesionaba con su trabajo.
Eugenia estaba investigando sobre una teoría que decía:
“La lluvia que vemos caer, en realidad, son hombres pequeños que nacen de las nubes”
Esto lo dedujo porque cierto día, que había estado lloviendo cayó una gota en su dedo y cuando la miro fijamente notó que esta se movía. Rápidamente metió esa gota en una bolsita de muestra y corriendo fue hacia su laboratorio. Allí vio la gota desde un microscopio y pudo observar un pequeño hombre. Pero éste huyo y Eugenia no pudo confirmar si lo que había visto era real.
Mientras todo esto sucedía en la ciudad de Eugenia, New York, existía otro mundo, Minilandia. Éste, era el lugar de “las gotas de lluvia”
Los pobladores de Minilandia vivían siempre tristes, eran pequeños, irasibles e idénticos entre sí. Este “mundo” era gobernado por un rey: Ruperto Golondrino. A diferencia del pueblo, él era alegre y entusiasta.
Cierto día, Eugenia estaba en su laboratorio, encontró una botella con un líquido extraño en su interior. Entonces, examinó sus componentes y vio que no tenía nada extraño. Luego, lo bebió. En ese momento, no sintió nada y se fue a dormir. Pero, cuando amaneció, ella se levanto y además de haber encogido de tamaño se encontraba en una tierra que desconocida: Minilandia.
Comenzó a ver muchos pequeños hombres, todos iguales entre sí, tristes y desolados. Eran como el hombre que ella había observado en su laboratorio ¡Esos hombres eran la lluvia!
En ese momento, le pregunto a uno de ellos:
- Discúlpeme, ¿Me podría decir donde nos encontramos?
- ¡Ignorante! Estamos en Minilandia donde nosotros, los nacidos de las nubes, somos todos idénticos. Ahora permiso, me está haciendo llegar tarde a trabajar – Dijo el ciudadano muy enojado, y se retiro rápidamente.
Ella totalmente pasmada siguió caminando y se topó con un hombre un poco diferente a los demás, estaba vestido de colores y tenía una sonrisa que mostraba su alegría. Eugenia, se alegró de verlo, y fue hacia él. Luego exclamó:
- Usted parece ser diferente del resto de los habitantes, ¿Quién es?
- Pues, yo soy el que gobierna esta ciudad peculiar, yo soy el rey de Minilandia. Debo decir que aquí yo soy el único alegre, siempre intenté cambiar el ánimo de los demás, pero nunca lo logré.
Luego, el pequeño hombre prosiguió a relatar el porque los demás lucían tan tristes: eran todos iguales y no podían reconocer a sus amigos o familiares, entonces todo era un caos.
Eugenia y el rey se hicieron amigos. Ella le contó su verdadera historia. Él, le contó sobre como ellos llegaban a este mundo tan extraño y difícil de imaginar. Todos los habitantes de allí nacían en forma de lluvia, es decir, nacían de las nubes. Además nacían ya adultos. Empezaban desde las nubes siendo gotas y a medida de que llegaba hasta el suelo se iban transformando en personitas. Este proceso duraba 5 horas.
Eugenia se empezó a interesar En el peculiar mundo donde se encontraba. Pero igual estaba segura que dentro de un tiempo iba a querer volver a su mundo y, por lo tanto, ya estaba pensando en juntar los materiales de la poción para poder hacer más de ésta.
Luego de esta interesante charla el rey le ofreció a Eugenia que se quede en el palacio hasta que vuelva a su mundo.
Pasaron los días y Eugenia ya tenía la poción lista, Pero luego de pensarlo un buen rato, se dio cuenta que no tenía razón alguna para volver al mundo de los humanos, ya que ella no tenía ni amigos ni familia. En cambio, allí se sentía como en casa.
Convencida de quedarse en Minilandia, cuando iba por la calle, tiró por atrás de su hombro la poción, ya que no la iba a usar. Cuando se fijó, divisó que la poción estaba sobre la cabeza de uno de los ciudadanos. Antes de que éste dirigiese la primer palabra de enojo, empezó a cambiar su vestimenta, su cara, su expresión: el hombre se había vuelto de color naranja.
Ella, totalmente sorprendida, al igual que todos los que estaban presenciando el espectáculo quiso averiguar si la poción funcionaba en todas las personas. Entonces, derramo lo que quedaba de la poción sobre ella, y luego de unos segundos cambió de ser un hombrecito como todos los demás a ser de color violeta y tener una gran sonrisa marcada en su cara.
Entonces, Eugenia entendió que su lugar era allí, en Minilandia, ayudando a todos estos pobres hombrecitos que solo querían tener una buena vida y un poco de color.
Desde ese momento todos empezaron a sentir alegría hasta en los momentos más tristes, empezaron a tener además de color un nombre. Cuando ya creían que nada ni nadie los iba a poder sacar de esa tristeza llegó la salvación y el feliz final.

Seudónimo: Pablo Martínez
Nivel:A
Categoría :De la imagen a la palabra"
Pintura: La que caen hombres del cielo